miércoles, 6 de enero de 2016

Las hojas y el tiempo

A mi Maestro, en su 110 aniversario.

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Una vez nos confesó que le habría gustado ser cantante, y nos contó que en ocasiones soñaba que cantaba y cantaba con profundo sentimiento, y se despertaba cantando en medio de la noche.
Luego comprendí que, más que la solemnidad de la oratoria, lo que confería a sus conferencias su encanto era la transparente gracia del canto.
Conocí a García Galló en el año 1976 y fue mi maestro hasta febrero de 1992, cuando murió. Este plazo relativamente corto, equivalente en términos temporales al de los decisivos primeros diecisiete años de mi existencia, redefinió mi vida hasta tal punto que sigue influyendo en ella hasta el presente y de seguro que así será por siempre.
Y es que cuando le conocí, Galló me hizo experimentar un sentimiento que era para mí del todo nuevo: fue gracias a él que por vez primera me sentí discípulo porque en él por primera vez sentí a un Maestro. Afecto único, tan importante en la formación de todo ser humano como el de padre-hijo, hermano-hermano, esposa-esposo, amigo-amigo…
Los padres son quienes cultivan en nosotros el amor a la familia, a la casa, al jardín, la mascota, la historia y las costumbres familiares. Maestro es aquel que en nosotros despierta el amor a la humanidad como nuestra gran familia, pero también a la sociedad, la naturaleza, la cultura y su historia. Es él quien desvela en nuestra alma el espejo de la autoconciencia moral, la conciencia de lo que en lo más hondo eres y puedes llegar a ser para los demás.
A través del Maestro nos hablan milenios de historia. Y nuestro-Maestro-de-siempre hace de nosotros sus-discípulos-para-siempre y nos convierte así en para-siempre-discípulos… Relación inmutable, en la que de su inveterada sabiduría mana inmarcesible nuestra juventud.
La mañana de domingo era fresca y el aire mecía con suavidad los árboles del patio, sobre cuyo tronco el sol acariciaba las orquídeas.
Sentado en su mecedora, Galló conversaba de filosofía con nosotros mientras, a ratos, masticaba con evidente deleite su puro.
Entonces, apareció su esposa y empezó a barrer las hojas secas que la ventolera habían hecho caer a montones hasta casi cubrir la escasa hierba.
-No barras la hojarasca, Grofelia querida; como decían los antiguos, ese es el humus que alimenta la tierra.

Gustavo Pita Céspedes
Bellaterra, Barcelona, miércoles 6 de enero de 2016.
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sábado, 5 de diciembre de 2015

Aprendiendo sobre la marcha

1. Sé fiel a ti mismo. Aunque el mundo vaya por una senda, si tu corazón te invita a ir por la otra no lo pienses dos veces. Podrás sorprender las miradas agradecidas de los demás.

2. Esfuérzate siempre en pronunciar lo más claramente posible. Abre bien la boca y vocaliza lo mejor que puedas. Siempre existe el riesgo de que el suave flujo de tu voz se convierta en un arrullo y termine durmiendo al interlocutor, porque...

3. Después del almuerzo, las charlas siempre son soporíferas. Siempre.

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martes, 1 de diciembre de 2015

El milagro cotidiano




Hoy agradezco ese milagro cotidiano que, con solo abrir la tapa de este cofre de madera, me trae de vuelta tu olor, tu hacer, la habilidad de tus manos de escultor, tu sonrisa, el brillo de tus ojitos azules. No importa que hayan pasado tres años. Sigues aquí. Siempre.

Hoy agradezco haber tenido el mejor padre del mundo.








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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)